Habilidades sociales y daño cerebral adquirido

Las HHSS son esa clase de conductas que en conjunto permiten al individuo desarrollarse en un contexto individual o interpersonal.

Habilidades sociales y daño cerebral adquirido

Existen multitud de definiciones de habilidades sociales (HHSS). Según Carballo, “Las HHSS son esa clase de conductas que en conjunto permiten al individuo desarrollarse en un contexto individual o interpersonal. Permiten expresar los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de modo adecuado a la situación en la cual el individuo se encuentra a sí mismo, mientras respeta las conductas de los otros, y el cual generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras al mismo tiempo minimiza la probabilidad de futuros problemas.

Tras una lesión cerebral, pueden aparecer déficits a nivel intelectual, cognitivo, conductual y de la comunicación que modifican notablemente el modo, calidad y frecuencia con que estas personas se relacionan. Estas alteraciones pueden varíar desde una leve acentuación de la personalidad premórbida a un cambio sustancial de la personalidad.

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Estos déficits aparecen sobre todo cuando el lóbulo frontal (directamente o por conexiones) se encuentra implicado. Esta parte del cerebro controla y organiza toda la información. Dirige la conducta, siendo fundamental para vivir en grupo y tomar decisiones. El lóbulo frontal es el más extenso de todos, y se sitúa en una zona muy susceptible de resultar lesionada cuando se produce un traumatismo craneoencefálico (TCE), en los que el cerebro suele golpear contra los huesos del cráneo.

Esta lesión se ve acrecentada por las fuerzas de golpe y contragolpe, por las que se dañan los axones celulares, interrumpiendo la comunicación entre las neuronas. La lesión axonal difusa se suma a las alteraciones de la propia lesión, modificando algunas funciones situadas en partes alejadas de la zona dañada, mostrando el afectado una alteración más generalizada. También provoca enlentecimiento en la velocidad de procesamiento de la información y de respuesta, que puede ser importante y dificultar el desempeño de otras funciones cognitivas (ej: comprensión verbal).

Entre las consecuencias más comunes del traumatismo podemos encontrar:

    • Inestabilidad emocional
    • Menor tolerancia a la frustración
    • Irritabilidad
    • Agresividad verbal y física
    • Infantilismo
    • Egocentrismo
    • Deterioro en la capacidad de introspección
    • Ansiedad
    • Disminución de la sensibilidad social y juicio social defectuoso.
    • Apatía
    • Dificultad para tomar la iniciativa
    • Falta de capacidad de crítica
    • Inhabilidad para planificar y llevar a cabo una tarea
    • Desinhibición

La forma y la intensidad en que se manifiesten estas secuelas dependerán de múltiples factores, entre otros, la personalidad premórbida, la localización y severidad de la lesión, y el entorno del afectado.

Las dificultades para ajustar y modificar la comunicación en función de cómo se desarrolla una situación específica o para comprender la relación secuencial entre diferentes hechos, son también ejemplos frecuentes después del daño cerebral.

Una persona tras una lesión cerebral, puede mostrar dificultades de pensamiento abstracto, o presentar problemas para adoptar el punto de vista del otro, lo que afecta a su vez a su capacidad de adoptar la perspectiva necesaria en las relaciones entre personas. Esta habilidad social, que nos permite ponernos en el lugar del otro, es la EMPATÍA. Es exclusivamente humana y se presenta en los niños a partir de los 4 años.

Además, también puede alterarse la capacidad para reconocer expresiones emocionales (positivas o negativas), lo que puede ser la base de la no supresión de conductas socialmente inapropiadas o no entender la ironía, las bromas o las indirectas.

emociones

En consecuencia de esta alteración, la persona afectada por DCA puede no saber interpretar señales sociales, lenguaje, gestos, expresiones faciales, ni hacer juicios sobre ellas. Puede parecer haber olvidado unas normas básicas de conducta, presentar dificultades para cooperar con otros, actividades socialmente gratificantes pueden dejar de serlo tras la lesión, o pueden tener problemas para reconocer quién “manda” o quién muestra señales de autoridad en el grupo. Pueden presentar dificultades para negociar, seguir normas básicas de amistad y mantener relaciones estables, derivadas de no entender cómo se sienten los otros y carecer de visión de futuro.

Estas secuelas, que han sido descritas tanto en pacientes adultos, como en niños y adolescentes, influyen de forma muy negativa en la calidad de vida de las personas afectadas, condicionando su ajuste familiar, escolar y social, así como su vuelta al entorno laboral.

Entre las consecuencias de todo ello se pueden citar: un incremento notable del riesgo de divorcio, la pérdida del contacto con amigos previos, y una tendencia al aislamiento social que a menudo persiste en el tiempo.

Los estudios epidemiológicos apuntan a que la prevalencia de estas alteraciones oscila entre el 40 y el 80 % de los casos, dependiendo del tipo y la gravedad del daño.

El cambio en el funcionamiento social constituye una de las consecuencias más comunes e incapacitantes después de una lesión cerebral. Los aspectos psicosociales van a condicionar de forma clara la evolución de los pacientes con daño cerebral adquirido y su calidad de vida.

Es por ésto que no debemos olvidar esta parcela del funcionamiento humano en el diseño de los programas de rehabilitación. El entorno ideal para su tratamiento suele ser en grupo, ya que permite poner en práctica las habilidades trabajadas e interactuar socialmente. No obstante, determinadas habilidades precisarán de ser tratadas de forma individual en un primer momento.

  A los profesionales, Miguel Ángel Verdugo, un experto en  HHSS en el campo de la discapacidad, nos lanza un aviso: “…uno de los riesgos más evidentes para los profesionales que trabajan en rehabilitación es cerrarse en un número limitado de actividades y competencias personales. El posible sesgo que genera la alta especialización se relaciona con el olvido de la meta y finalidad de nuestro trabajo, que no es otro que la integración social de las personas con deficiencias o discapacidad…”

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